Aprender para transformar(nos) miradas colectivas desde la educación de personas jóvenes y adultas

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Aprender para transformar(nos) miradas colectivas desde la educación de personas jóvenes y adultas

En este libro fluyen las subjetividades de quienes hemos escrito. Hay datos, interpretaciones y propuestas que esperamos les desafíen. No les pedimos que concuerden con nosotros(as), sino que intenten ponerse en el rol de quienes hemos escrito para que puedan comprender empáticamente por qué afirmamos lo que escribimos. Es importante que no busquen que las lecturas digan lo que usted espera, pues en ese caso abortará el diálogo que de vería surgir. Pregúntese las razones que nos han llevado a que una idea o hecho lo consideremos relevante y que nos ha inquietado por mucho tiempo.
El diálogo es lectura activa que nos conmueve a medida que ahondamos en los argumentos y que nos van entre lazando con las vidas de quienes escriben y de aquellas personas jóvenes y adultas a quienes intentamos darle voz en cada artículo. Hemos escrito para descubrir, para abrir senderos y para sorprendernos. No hemos querido caminar por las vías que ya conocíamos, sino que hemos deambulado extraviados para ver qué encontramos. Gracias a ello, el proceso no ha resultado fastidioso ni soporífero, sino exigente en el rigor que cada día, esperamos, nos haya ayudado a mejorar. García Márquez en muchas 8 ocasiones relató que todos los días escribía, estuviera inspirado o no, pues debía ejercer el oficio para que cuando las esquivas Musas les inspiraran el estuviera preparado, tal como le ocurrió mientras viajaba de Ciudad de México a Acapulco y a la altura de Cuernavaca, donde trabajó Iván Illich, tuvo la visión de “Cien años de soledad” completa y coherente, sin aquellos vacíos que por años no había logrado integrar. Regresó a su casa a escribir sin correcciones la que ha sido considerada la obra cumbre de la literatura del siglo XX. Picasso señaló lo mismo cuando respondió que existía la inspiración, pero que debía encontrarlo trabajando. Es por esto que para nosotros escribir estos artículos ha sido un proceso de oficio y de creación, sujeto a imprevistos constantes y a chispazos ocasionales.
Esperamos que la lectura les ayude a comprender y justipreciar la complejidad que trae consigo educar a jóvenes y adul tos. Como toda complejidad esta es dinámica y dependiente de innumerables interacciones entre sus diferentes componentes. Si bien cado uno(a) estableció un ordenamiento inicial para escribir, todo ello se desmoronaba a medida que buscábamos dar coherencia a los procesos dinámicos que pretendíamos describir y valorar. Lo que era cierto devenía incierto; lo que comprendíamos sorpresivamente nos causaba dudas porque no lográbamos comprender como se influían entre si las variables en juego. El “efecto mariposa” afecta tanto a la escritura de estos artículos, como a todo lo que acontece en los diferentes procesos educativos de la Educación para Jóvenes y Adultos (EPJA). E. Lorenz formuló el “efecto mariposa” en 1972 para enseñarnos que una pequeña perturbación altera todo el proceso, tal como los profesores vivenciamos a diario en las aulas y que el país vivió con el corona virus.

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